Segunda Oportunidad

En el clásico desayuno que usas para ponerte al día con tus amigas, una de ellas nos cuenta entre lágrimas que ha descubierto a su marido siendo infiel y ha estado engañándola con una mujer más joven por 2 años. Todas entraron en la modalidad “esto es inaceptable”.

Definitivamente fui la única que opinó distinto. Mi voto fue a favor de brindarse una “segunda oportunidad”. Mi terapeuta me dijo un día que cuando damos un consejo por lo general lo hacemos sobre nuestra experiencia y no sobre la experiencia del otro.

Algunas cosas funcionan aunque no suenen bien. Al final, la felicidad solo va a  radicar en la decisión que decidamos tomar y no en la decisión que tomemos por miedo a que nos juzguen.

Dentro de la discusión acalorada, ella nos confesó que también le fue infiel varios meses con un amigo de la familia mucho antes que él, así que pensó que ya estaban a mano por lo que decidió no terminar su matrimonio de 18 años. Y aquí es donde no podemos evitar entrar en el juego de juzgar.

He visto parejas que se brindan una segunda oportunidad fuera de lo común. Algunos se divorcian y siguen la relación cada uno viviendo en otro lugar; los que se divorcian, comienzan cada uno una relación  para después terminarla y regresar como pareja de nuevo; los que llevan 70 años de casados y deciden que es momento de divorciarse pero al poco tiempo regresan porque es más fuerte la costumbre; los que se divorcian y uno vive en el departamento de arriba porque no quiere estar lejos del otro; y así muchas historias.

¿Pero quienes somos para juzgar a los demás? Si les funciona, les hace felices y pueden crear una relación virtuosa que mas da.

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